¿Cansada?¿de qué...?
Sobre la productividad tóxica y la pérdida de la fuerza vital
Hace unas semanas, mi querido Josh Medina me hizo una entrevista en su pódcast Saltos de Conciencia: Las Raíces para la reconexión creativa, cíclica y espiritual, donde me preguntaba cómo me había dado cuenta de que había llegado a un momento de despertar en mi vida.
Y le respondí: «estaba cansada, solo quería dormir».
A priori parece un detalle, algo insignificante, personal, no repetible…
Pero no lo es.
El cansancio vital es mucho más común de lo que creemos; se extiende como una epidemia silenciosa, que embiste como ola contra la vida de miles de mujeres, las revuelca una y otra vez…
Estar siempre exhaustas no es normal.
Pero todas hemos llegado a ese punto, y nos hemos obligado a continuar, tirar un poco más, llevarnos contra las redes, presionarnos con todas nuestras fuerzas para aguantar, sostener, mantenernos enteras, fingir que podemos con todo sin pedir ayuda, seguir, cumplir con los plazos y las expectativas que nos pide el mundo…
Pero para poder hacerlo, recurrimos a las Reservas Vitales.
Tanque de energía de reposición que no deberíamos acabar nunca, porque usar las fuerzas de él no es gratuito, y nos lleva a una espiral descendente, que tarde o temprano nos costará la salud a todos los niveles, o peor, las ganas y el deseo de vivir.
Lo natural al sentirnos cansadas es descansar… ¿Pero qué pasa cuando, a pesar de hacerlo, no logramos recuperar esa sensación completa de descanso y regeneración, y sentimos que volvemos cada mañana a montarnos a la montaña rusa emocional?
Estoy cocreando un nuevo proceso de transformación presencial con mi querida Simona con nuestro proyecto Sagrada Senda y hemos preparado una encuesta cortita de 2 minutos para entender mejor qué estamos viviendo y qué estamos buscando como mujeres sensibles, creativas, espirituales, cansadas del piloto automático y de la exigencia constante.
¿Nos ayudas respondiéndola? Tu perspectiva nos sirve muchísimo.
Avra kedabra, ¡desaparece! Los síntomas que callamos de una enfermedad social silenciosa
Llegada esta época, parece que nos pica un gusanillo y todas andamos corriendo de un sitio al otro porque se acaba el año. Más que acabarse el año, parece que lo que acaba es el mundo.
Todos los cierres se dan en los últimos veinte días del mes de diciembre, se acumulan citas en la agenda, compromisos sociales, entregas de diplomas, cierre de cursos, despedida de compañeros de trabajo (que veremos al otro día), cierres de obras...
Parece que de alguna forma, todos tenemos que pasar raya, dar por acabado el proceso que sea que hayamos iniciado a principios del año anterior, y cerrar un ciclo.
Una novela de lo más chistosa y hegemónica que nada tiene que ver con los procesos reales, los tiempos personales y los momentos vitales de cada uno.
Encajar en un calendario gregoriano que ignora por completo los ciclos naturales y del Alma, y que nos impela a resolver situaciones con aparente urgencia, sometiéndonos a niveles de estrés que rayan lo absurdo y fuerzan a mantener nuestro cortisol por las nubes.
Se empiezan a hacer muy explícitos los niveles de agotamiento colectivo, y a visualizarse con una claridad que asusta, escenarios de gran fricción, que nos dejan la piel finita y nos hacen más reactivos.
Son las consecuencias de una romanización generalizada de la productividad, insana e ilógica, y el estar disponible para todo y todos.
¿Qué ocurre cuando nuestro sistema nervioso está siempre en alerta? Se expresan los primeros síntomas:
• sensación de agobio o fatiga mental,
• exceso de voces y ruido externo,
• perder la claridad,
• tensiones musculares, dolores de cabeza, problemas digestivos, desregularizaciones de la presión arterial, síndrome premenstrual complicados,
• creatividad apagada, procrastinación de sueños o anhelos profundos,
• baja libido y deseo por emprender aventuras, o divertirse,
• necesidad de volver al centro sin lograrlo,
• sentir que el cuerpo no responde aún con buena alimentación o suplementos.
Estas sensaciones suelen ocurrir cuando estamos en entornos que nos provocan niveles de estrés permanente, nos mantenemos en hiperviglancia, en alerta, acción, modo supervivencia o apagando fueguitos constantemente, con escasos momentos para la relajación y regulación emocional.
La exigencia, el perfeccionismo, la culpa y el autocastigo mental por descansar, la presión social, así como traumas activos, intensifican el cuadro, conllevando a nuestro sistema nervioso al congelamiento.
En ese estado cuesta bajar las defensas, dejar caer las barreras y entregarnos a la relajación, y por consiguiente, retomar los procesos naturales de regeneración corporal.
Esa sensación de estar saturada, de no llegar a todo, (¿todo? Ja! Ni siquiera a lo indispensable y esencial; atendernos) es dolorosa.
Pero lo peor ocurre cuando sentimos que el mapa de la vida y de las posibilidades se reduce.
Empiezas a creer que «eso que vivimos» es todo en la vida. Ya no encuentras vías de escape a la rutina, y no ves otras resoluciones creativas. Es como si tu visión se redujera a la mitad.
Sabemos que necesitamos hacer un cambio.
El problema es cuando aún no sentimos que sea urgente, porque mientras no reconozcamos su imperatividad, ese estado seguirá colonizándonos por dentro.
Creando una gran sabana árida, seca y mustia.
Y es cuando baja a las llanuras del Alma, cuando ocurre la crisis vital:
• apatía vital, desconexión de nuestra vida, depresión,
• tristeza profunda, desánimo constante,
• ansiedad,
• irritabilidad y sensación de desborde emocional,
• crisis existencial,
• insomnio,
• born out…
¿Pero qué hacer? ¿Por dónde empezar?
Quitar la costra para revelar la piel nueva
El cuerpo nos habla alzando la voz del cansancio en dos momentos particulares:
• cuando llegamos a un momento bisagra y es necesario hacer una transformación radical en nuestras vidas,
• cuando estamos en proceso de reparación.
Y hay una diferencia sustancial entre uno y el otro: el primero busca llamar nuestra atención, despertar nuestra consciencia; el segundo, en cambio, es el resultado de la tregua interior, cuando ya has adquirido esa consciencia y has actuado en pro de ella.
Uno por lo general confronta; el otro afronta.
Sea cual sea su camino, su fin es el mismo.
La pérdida de energía vital es la antesala a un reset energético.
Es la señal de una fuga en nuestro campo energético, que no se remienda con pequeños actos aislados; requiere de decisiones poderosas, pararnos al borde de la valentía y tomar un camino tangencialmente distinto al que veníamos tomando.
Mientras lo neguemos, o intentemos atribuirle excusas, o justificaciones, cualquier acción que realicemos para enmendarlo serán meros conjuros lanzados al aire que se pierden en la reverberación.
No podemos pedir que desaparezca un síntoma sin conocer su origen.
Indagar en ese cansancio vital generalmente nos lleva a comprender que:
- nuestra alma se ha empequeñecido en la rutina y no estás eligiendo vivir, sino sobrevivir,
- estamos sosteniendo máscaras que no son nuestras,
- corremos como hámster detrás de objetivos que no han escuchado a nuestra visión interna,
- estamos sosteniendo demasiado estrés y tenemos el sistema adrenal sobrecargado…
Pero el peor de los cansancios, ocurre cuando nos abandonamos, y desoímos los llamados del Alma.
Ésta entra en modo osa hibernando, mantiene sus niveles vitales al mínimo para subsistir el período de privaciones al que la estamos sometiendo…
Privar al Alma de aquello que la sustenta, es dejar de alimentar la llama que nos mantiene vivas.
En cambio, mirar el cansancio a la cara y atrevernos a escuchar para qué está allí es un acto de ternura y amor propio.
Porque sabemos que ha llegado a movernos los estantes.
No se puede solucionar un problema desde la misma conciencia que lo ha creado.
Es necesaria una transformación, un proceso de alquimia interior.
El plomo pesa y nos cierra los párpados, nos aprieta la boca del estómago, nos dobla por la mitad, nos cierra la postura, nos impide la respiración.
Es necesario hacer espacio, volvernos más ligeras.
Es momento de encender el caldero, arrimarle los leños, soplar para reavivar la pequeña llama; es momento de que recurramos a la fuerza primigenia que nos está pidiendo paso, para que se abra canal a través de nosotras, a LAQUESABE, el Alma Salvaje que habita en todas las mujeres.
Pero para ello necesitamos volver a un sitio, un TEMPLO que nos está esperando, que no requiere nada de nosotras más que la intención: la NATURALEZA.
Me recuerda a un fragmento que escribí hace un tiempo:
Y algunas veces solo podemos encontrarlos cuando la vida nos ha llevado a las fosas del dolor, nos ha quebrado al medio alguna tormenta, nos ha arrancado de raíz y nos ha dejado en el suelo, nos ha secado completamente y solo queden de nosotros algunas semillas diseminadas.
Y aunque podamos vernos en esos instantes trágicos como hijas abandonadas, solo hemos sido devueltos a la Gran Madre, la Tierra, para que nos nutra y nos sustente. Nos brinde su cobijo, su abrazo protector, para que suavemente, la energía latente de la vida vuelva a despertarse en nuestro interior.
Necesitamos volver a la RAÍZ, al chakra base, al inicio de la vida, a nutrirnos desde lo profundo, parir una nueva YO…
Estoy haciendo una pequeña investigación sobre cómo nos estamos sintiendo las mujeres que somos más sensibles/creativas/espirituales… Si aún quieres sumar tu voz, te dejo nuevamente la encuesta:
Cambiar el chip el procesador de información
Si somos radicales y lo enunciamos, no necesitamos un pequeño ajuste, sino hacer un gran cambio:
borrar la programación de productividad.
Ha quedado obsoleta.
Y trae anexado un mecanismo de culpa peligrosísimo.
Por defecto de instalación hemos dado clic al botón de asociar productividad con valor.
Y nos hemos creído que para ser valiosas necesitamos ser productivas.
¿Y si nuestro valor no está asociado a nada más que existir?
Ya lo hablaba en este post de hace un tiempo.
Necesitamos volver a habitar nuestra ciclicidad, a normalizar las pausas, los períodos entre, de vacío y de escucha, las horas muertas, la contemplación y el aburrimiento.
Requerimos con urgencia convidar a nuestras rutinas con trozos de simpleza y de presencia. Volver a lo esencial, a lo orgánico y natural.
A estar offline, y menos disponibles.
Lo sé, lo que te planteo es un lujo.
Sin embargo, es un lujo básico para mantenernos VIVAS.
En placer, en expansión, gozosas, libres, livianas…
Nuestro papel es el de ser GUARDIANAS de los TIEMPOS DIVINOS, de habitar el espacio 0 de las infinitas potencialidades, el útero creador…
No podemos seguir sacrificando nuestro bendito poder vital, regalando nuestra líbidio y nuestros óvulos más fecundos a la inmediatez y la prisa.
Arrebatarnos la energía vital es la forma perfecta de volvernos borregas, cortarnos las Alas. ¿Has observado que ante el bajón de energía, buscamos compensarlo con un subidón de dopamina instantánea a través de los mecanismos de recompensa de las pantallas? Pero esa nutrición pobre, al rato, nos vuelve a dejar famélicas en busca de más.
Dejamos de ser CREADORAS por perdernos en este bucle CONSUMIDOR.
Requerimos estar atentas y buscar redes que nos permitan visualizar nuevos estilos de vida que se acompasen con los ritmos reales que nos dicta el cuerpo y el corazón, y espacios que nos permitan nutrir y sostener nuestra energía, que sean ritual y encuentro, puerto seguro y espacio de cocreación de otros mundos posibles.
Cambiar la forma en la que experimentamos y nos aproximamos a la vida, se hace dialogando con otras formas, que le muestren a nuestras resistencias y películas mentales que es posible concebir otra realidad, que la productividad no tiene que ser tóxica y para ello, debe llamarse más creatividad (o crear-vida) que producir.
Nuestros cuerpos están clamando por nuevos paradigmas que incluyan la sabiduría de los ciclos naturales.
Al caminar solas se hace difícil sostener nuestra visión, mientras nos sostenemos a nosotras mismas… Pero; ¿a cuánta facilidad, fluidez y belleza nos estaríamos abriendo al buscar nuestra TRIBU?
Si te hace sentido lo que te comparto y este verano estás en Uruguay, estamos creando un proceso femenino, sensible y en naturaleza, para iniciar el año vislumbrando nuevos caminos que te acerquen a una vida gentil y más coherente.
Todavía no te voy a develar de qué trata, pero me encantaría escucharte, saber si te encuentras en esta etapa y qué está pidiendo esta energía. Te recuerdo que por este camino llegas a la encuesta.
Con amor,
Mariana
Te dejo por aquí el episodio del que hablaba al inicio de este post, por si tienes ganas de mirarte la entrevista completa:







